Treinta urbanizaciones repartidas por todo el término han convertido el municipio tradicionalmente de residencias de veraneo, en residencias habituales.
Los bosques de pino blanco, que desde principios del siglo XX invadieron todo el término y que todavía se conservan en buena parte, a pesar de la agresión sufrida, caracterizan todo el entorno de Corbera.
Tanto el crecimiento urbano como la extensión de los bosques de pinos han comportado una recesión lenta pero inexorable de la agricultura que, básicamente, era de cultivo de la viña y de la oliva. Actualmente restan cultivos de melocotoneros, cerezos y productos de la huerta. La gastronomía de Corbera ha sabido conservar lo mejor de la cocina catalana e incorporar un abanico de nuevas posibilidades al alcance de todos los gustos.
Cerca de la iglesia de Santa Maria de Corbera , en el paraje de las Penyes del Corb se representa cada año El Pesebre Viviente. La representación sigue un texto de Josep Rodrigo, Francesc Mestres y a partir de los evangelios de Lluc y Mateu constituye un espectáculo de gran calidad que aprovecha el entorno natural como escenario. Empieza el primer domingo de diciembre y acaba el penúltimo de enero.
Las Fiestas mayores de invierno y verano se celebran el 17 de enero (san Antonio Abad) y el 22 de julio respectivamente (santa Magdalena).
3 de diciembre-4 de enero. Pesebre viviente en Corbera.
22-23 de julio. Mercado medieval. |